Hepatitis C

La hepatitis C es diferente de la hepatitis B en el sentido de que  el cuerpo es generalmente incapaz de eliminar el virus por sí mismo, lo que se conoce como “aclaramiento espontáneo”, y, por lo tanto, la infección se vuelve crónica.  Cuatro de cada cinco personas desarrollan una infección crónica, que puede causar cirrosis y cáncer de hígado después de 15-30 años. Hay aproximadamente 170 millones de personas con infección crónica por hepatitis C en todo el mundo. En 2000, la OMS calculó que entre tres y cuatro millones de personas se infectan cada año.

Transmisión: la hepatitis C se transmite principalmente a través del contacto con la sangre. En casos aislados puede ser transmitida también a través de algunas prácticas sexuales y durante la gestación.

Prevención: no existe vacuna para la hepatitis C. Por lo tanto, es necesario reducir el riesgo de exposición, evitando el uso compartido de agujas y otros objetos como cepillos de dientes, cuchillas de afeitar o tijeras de uñas con una persona infectada. También es aconsejable evitar hacerse tatuajes o piercings en el cuerpo en instalaciones sin licencia.

Tratamiento: el tratamiento para la hepatitis C crónica tiene como objetivo erradicar el virus. A menudo, consiste en una combinación de interferón pegilado y ribavirina, y cada vez es más frecuente el uso de medicamentos antivirales de acción directa potentes, con y sin interferón. Las personas con diferentes genotipos responden de manera diferente al tratamiento, algunos con más éxito que otros.

 

Para más información, consulte la hoja de datos de la Organización Mundial de la Salud sobre la hepatitis C o vea el siguiente vídeo creado por la European Liver Patients Association.